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Dan T
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02 Junio 2020 04:07:00
Chucky Trump
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Usualmente en las películas de terror al que se siente bordado a mano es a uno de los primeros que elimina el villano. Usualmente sobreviven hasta el final el “chicho, chicho”, la muchacha guapa y el gordito chistoso. Pero lo que estamos viendo en estos días en Estados Unidos no cumple con las reglas. Se trata sin duda de una historia de horror llamada “racismo”, pero esta vez el gordito no solo no es chistoso, sino que es el verdadero villano de la historia. Donald Trump es una especie de Chu-cky presidencial, nomás que con la cara naranja y los pelos amarillos. Ah, y en lugar de un cuchillo como de carnicero, lo que Trump usa para causar un verdadero caos es su cuenta de Twitter. Si ya de por sí era grave que un policía hubiera asesinado sin justificación alguna a un hombre más por el color de su piel que por cometer un delito, la cosa se ha puesto peor en cosa de días gracias a que Trump se ha encargado de envenenar más el ambiente. Por cada mensaje que Trump lanza en redes sociales, un ángel de la guarda se suicida, pues no hay manera de detener el enojo generalizado que está provocando entre los norteamericanos, especialmente aquellos que no viven el “american dream” porque son víctimas de violencia, de racismo o de pobreza y falta de oportunidades. Si lo que quiere Donald Trump es prenderle fuego a Estados Unidos, va muy bien requetebien.


¿A qué te huele?

A ver, imagínate que te cuento que la secretaria de Energía tiene un compadre, pero no cualquier compadre, sino uno de esos del alma, con los que te amaneces cantando las de José José y tomándote hasta el Pinol.

Y resulta que como titular de Energía pues te encargan hacerte cargo de la construcción de la nueva refinería en Dos Bocas, que nomás va a costar 8 mil millones de dólares (no tengo la menor idea de cuántos ceros lleva eso). Y entonces, pues, la obra necesita que le den una aplanadita al suelo porque a algún genio presidencial se le ocurrió construirla en una zona que no es apta para ese tipo de obras porque, en realidad, es un lugar de manglares. Prácticamente tienes que tirar la selva para poder edificarla.

Y entonces en lugar de lanzar un contrato público, abierto a toda la sociedad, decides que la obra de “nivelación” la gane una empresa que, ¡taráaan!, se creó apenas cinco días antes. Es decir, no tiene la menor experiencia en una obra tan importante. De hecho es una de las tres obras más importantes del sexenio, pero esa falta de experiencia, la empresa la compensa con algo más importante: ¡el compadre!

Y es que, ¡oh, sorpresa!, el supuesto dueño de la empresa que se ganó el contrato de 4 mil millones de pesos, resulta ser amigo, socio y dicen que hasta prestanombres del compadre de la secretaria de Energía. Es decir, la honesta funcionaria que debe decidir cómo llevar a cabo una obra carísima y que es de las consentidas del Presidente, decidió beneficiar a una empresa ligada a su compadre.

Si te cuento todo esto, ¿lo creerías? Y si te digo que ocurrió en México, ¿pensarías que es cierto? Yo también. Pero, bueno, en la 4T ya dijo López Obrador que esas cosas no pasan, excepto claro... ¡cuando pasan!

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